jueves 1 de octubre de 2009

Fleurs 2 (Franco Battiato).

En pleno y caluroso estío, mientras escuchaba el álbum “Fleurs 2” de Franco Battiato, he recordado aquel concierto del “Patio del Centro Cultural del Conde Duque” en julio de 2008, cuando pude verle cantar en vivo y en directo por primera vez tras unos 23 años como admirador.

Aquel sosegado y acogedor día, en el que hasta el cielo armonizaba con la música, cuando danzaban alrededor los vencejos desde su atalaya celeste sobre el escenario… y recuerdo que el concierto comenzó con “Haiku” (“Cafè de la paix” -1993-) y su lírico epílogo: una poesía cantada en persa (interpretada por Pouran Ghaffarpour), concretamente el poema: “L'Uomo dell'Isola dei Giardini".


En aquel concierto también escuché una canción desconocida para mí, muy especial, que fue un anticipo de su disco más reciente: “Fleurs 2”, tras los otros dos álbumes (Fleurs 1 -1999-, y Fleurs 3 - 2001) dedicados a versiones de canciones preferidas de los Cincuenta, Sesenta, Setenta… Aquella canción se titula: “Il Carmelo di Echt" -compuesta por Juri Camisasca-, versión de un tema ya interpretado por su autor; y también por la genial cantante siciliana Giuni Russo -de voz increíble con amplios registros, y timbre peculiar y emotivo, sobre la filósofa y monja carmelita “Edith Stein” (wikipedia.org).

En Fleurs 2 también escucharemos otro tema de Juri Camisasca –publicado por primera vez en 1975-: “La música muore”, que Battiato canta a dúo con el propio autor (cuyo verdadero nombre es Roberto Camisasca, y que también es el autor del conocido éxito de F. Battiato “Nómadas”).

Son flores aromáticas, de fragancias únicas, esencias florales que nos evocan otros tiempos y sensaciones desde una perspectiva muy personal… consiguiendo versiones auténticas y sonidos inesperados, como en “It’s five o’clock” con sus arreglos, el arpeggio del piano y la guitarra acústica, su fusión entre lo clásico y lo moderno, y el sonido oriental de la melodía del estribillo, con la melódica voz tan primorosa de la cantante iraní Sepideh Raissadat. De esta versión desconocía el tema original, en el álbum It’s five o’clock (1969) del grupo griego de rock progresivo: Aphrodite’s child (Wikipedia), integrado por Demis Roussos, Vangelis y Loukas Sideras.

Y finaliza el disco con “L’ addìo” (compuesta por Battiato, Ippolita Avalli, Giacomo di Martino), un tema que también había interpretado excelentemente Giuni Russo, incluido en su álbum “Energìe” de 1981.

*Estos discos de la trilogía “Fleurs” son excelentes, no sólo por sus singularidades en arreglos y sonidos, esta vez acompañado una vez más por la Royal Philarmonic Orchestra, no sólo por la expresividad en su interpretación, en algunas versiones a dúo con otros artistas (Anthony, Anne Ducros, Sepideh Raissadat, Juri Camisasca), sino también por sus canciones inéditas:

  • De Fleurs 1: “Medievale” y la enigmática “Invito al viaggio”.

  • En Fleurs 3: “Come un sigilio”.

  • En Fleurs 2 escucharemos la canción “Tutto l’ universo obbedisce all’ amore” a dúo con Carmen Consoli.

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Me encantan todas las versiones de esta trilogía, pero hay algunas que me han entusiasmado especialmente, sobre todo las de Fleurs 2: como la primera versión del álbum: “Era d’estate” ( del cantautor Sergio Endrigo -1963-; letra de: Endrigo / Bardotti), y de Fleurs 3: “Il cielo in una stanza” del cantautor Gino Paoli -1960- (que siempre ha sido una de mis canciones preferidas, y me sorprendió la versión tan espiritual de Battiato); y otra versión con sonidos vanguardistas del Rock sinfónico, que desconocía: “Impressioni di settembre” del grupo italiano de Rock progresivo Premiata Forneria Marconi (PFM) -wikipedia-, muy popular en los 70.

miércoles 2 de septiembre de 2009

Azucenas y Azahares.

Ocurrió hace más de dos meses, a principios del verano, cuando en un jardín distinguí unos tallos de azucenas (Lilium) que crecían prometiendo unas bellas y sugerentes flores blancas… ¿Flores? ¡Esas ofrendas naturales que nacen de la Tierra y la Luz, para conformar un mundo nuevo de colores y aromas!... y a las que apenas prestamos atención, quizá porque tan sólo se valoran como recursos ornamentales y materias primas para fabricar perfumes o remedios naturales, o como símbolos olvidados...


Tras el ruido: los ensordecedores ecos de la civilización, los humos y la prisa constante, la celeridad en mensajes y transportes..., es muy posible que perdamos de vista detalles esenciales, olvidados y tan desapercibidos como el de un jardín, un árbol, una flor…

Hemos ganado presteza en esta vertiginosa contrarreloj, pero hemos perdido la belleza del instante, de la espera, la sabiduría del tiempo, como cuando aguardábamos para recibir una carta lejana de familiares o amigos, una carta de amor, un manuscrito… es mucho más frío releer un email, y mucho más gélido un sms con sus abreviaturas equívocas, en un lenguaje tan distante e impersonal.

Cuando miré aquellos tallos con sus brotes, botones o yemas florales, su inflorescencia, las flores creciendo, no pude sino reflexionar sobre las horas, los días precisos para que nazca una flor, como el azahar de limoneros y naranjos con su generoso aroma en la distancia, anunciándonos el fruto, o simplemente su presencia.

viernes 22 de mayo de 2009

Eurovisión 2009.

Desde que se fundara allá por el año 1956 (España participa desde 1961), el “Festival de la Canción de Eurovisión” ha cumplido su objetivo de congregar a tantos países en torno a un festival de la canción, de música popular; que ha logrado captar la atención de millones de habitantes del continente y sus proximidades, cada vez más extenso con la ocasión de un concurso musical.

Ha sido muy criticada la calidad de las composiciones que concursan en Eurovisión; no obstante, a lo largo de la historia de este Festival hemos escuchado canciones memorables y con rasgos de calidad; aunque la mayoría perpetúan melodías y ritmos festivaleros, en ocasiones bastante reiterativas.

Si estudiamos la historia del Festival, recordaremos canciones memorables como las de: ABBA; cantantes de voces melódicas como Celine Dion; cantautores como Franco Battiato, con la canción “I Treni di Tozeur” (compuesta por F. Battiato, Rosario Consentino y Giusto Pío) - que al final quedó en el 5º puesto de Eurovisión 1984-, interpretada a dueto con la cantante italiana Alice, -Carla Bissi-, que con la canción "Per Elisa" ganó el 31º Festival de San Remo en 1981; Toto Cutugno con “Insieme 1992” que triunfó en 1990; aquella buena canción: “Gente di mare” de Umberto Tozzi y Raf; (...por cierto, Eurovisión era mucho mejor cuando participaba Italia); de cantantes españoles como Sergio Dalma. E inolvidables también fueron los triunfos de Irlanda con aquellas románticas baladas del genial Johnny Logan.

El pasado año participaron canciones rítmicas como la de ArmeniaQele, qele” por Sirusho, y bellas baladas más étnicas como la de Serbia, o temas más simpáticos como el de Croacia (en mi opinión, las mejores del año pasado). Este año en Eurovisión, salvo contadas excepciones, ha persistido la tónica del “dance music”, algunas breves incursiones hacia el Rock, aunque se acentúa la tendencia a la fusión del pop con arreglos de otros estilos.

En este Festival de 2009, aunque no estimaba ninguna canción como favorita, las que despertaron mi atención fueron:

  • Reino Unido, por la calidad de la interpretación y de la voz de Jade Ewen, una canción romántica –que parece compuesta para un Musical, alcanzando notas altísimas-: “It’ s my time”.

  • La ganadora: Noruega, por Alexander Rybak, y sus acordes de violín con aires folk.

  • Francia, con la bella y melancólica canción “Et S'il Fallait Le Faire”, una emotiva interpretación de Patricia Kaas.

  • Estonia con su curiosa “Rändajad” del grupo “Urban Symphony”.

  • Malta, una melódica canción interpretada por Chiara.

Las imágenes y sonidos del violín evocan la Tradición y la Naturaleza. Noruega ya ganó en 1995 con la canción del grupo Secret garden: "Nocturne", en la que se escuchaban solos de violín –que era más instrumental, y de un estilo todavía más Celta, porque en el fondo lo que se anhela es el regreso a la buena música, la que nos acercaba a la Tierra, a la sencillez, a la cultura, no creo que sea casual este triunfo tan concluyente, de tan elevada puntuación, no es casual.

"Gran Torino".

Lo más impactante de esta película, dirigida por el actor y director Clint Eastwood, no es la base argumental que se vislumbra desde el inicio del film: un anciano -excombatiente de la Guerra de Corea- reservado, huraño, caracterizado por un indescriptible y melancólico aire de autosuficiencia, así como un comportamiento arquetípico de hombre duro; Walt Kowalsky, curtido veterano de ideas retrógadas, caducas (al que le escucharemos reiteradas expresiones racistas, despectivas, y el uso de constante argot callejero), que se refugia en el rincón solitario de su casa… Lo más efectivo de la película es el desarrollo del guión, y una dirección que indaga la psicología de los personajes con maestría, de forma gradual, sin aspavientos ni moralejas insistentes, además de un peculiar sentido del humor, de un personaje curioso que guarda un fondo de amargura y de dolor.

Esa especie de aislamiento, de la distancia de su familia, de defensiva soledad, no puede petrificarse ante realidades como la convivencia en una misma calle, en un barrio invadido e inquietado por la violencia de las bandas callejeras, ni le asegura la invulnerabilidad propia del héroe imaginario que acababa siempre por imponerse blandiendo las armas del odio, la venganza y el miedo.

Walt Kowalski, (interpretado excelentemente por Clint Eastwood), es un hombre metódico y experimentado, un “tipo duro” e insociable desde la distancia, pero con un indisimulado rictus de amargura en su rostro, encarnando la crítica de una visión trasnochada de la fortaleza y la inmunidad, la perfección deshumanizada, mostrándonos con pasmosa naturalidad los efectos secundarios de la vida real; secuelas, cicatrices… y las arrugadas lecciones de la veteranía, y las conclusiones de la soledad, y el error que se suele cometer al juzgar precipitadamente a las personas; aplicando aquel conocido aforismo que nos recuerda que “no debemos juzgar por las apariencias”, porque tras una máscara ceñuda de altivez e intransigencia, puede esconderse también una persona sensible, que también puede reconocer sus errores, arrepentirse.

“Gran Torino”, más que una respuesta crítica a tantos interrogantes vitales, o la representación de un inusitado cine social, es una lección de filosofía narrativa, de buen cine que no reclama mensaje (porque cada toma, cada fotograma, es un estudiado mensaje)… Sin eludir la referencia a reiteraciones algo prescindibles en algunas escenas humorísticas (como cuando invita al joven Thao -interpretado por Bee Vang- a ensayar varias veces la entrada a la barbería), en general “Gran Torino” brilla por su dirección e interpretación, miradas y encuadres directos, y por asociaciones de imágenes muy sutiles en el trasfondo de la película.

Y precisamente tras esa meditada simplicidad se halla el más preciado valor de “Gran Torino”, cómo transcurre tan plena de detalles introspectivos hasta el final, que no precisamos ahondar en segundas o terceras lecturas, y más cuando se trata de un argumento intrínsecamente relacionado con los efectos de la guerra; por más que se perciba como una metáfora, una alegoría interpretable (o quizás extrapolable), no pierde interés ni efecto alguno si sólo reflexionamos sobre lo que hemos visto: una más que creíble representación de la vida de personajes y situaciones realistas; un extraño protagonista escéptico, incrédulo, que recobra la lucidez ante la evidencia del valor de la humildad y el sencillo agradecimiento, la fuerza del afecto, la riqueza y el ritual del amor en los detalles cotidianos; de ver la realidad, despertar y recobrar la lucidez del amor, del respeto.

Calificación: 8.

sábado 21 de marzo de 2009

Adagio.

La etimología o el azar en el uso de las palabras, logra que la polisemia nos impresione con diversas acepciones como las de “Adagio”, que puede significar: un proverbio (*), máxima, -una escueta frase con mensaje filosófico-; o el conocido movimiento lento musical de conciertos y sinfonías, o de las breves piezas musicales de melodías milagrosas, esas por las que cualquier pena o inquietud puede disiparse, desvanecerse para cobrar el único sentido de escucharla casi sin sentir el paso del tiempo… la música puede ser más que sonido, nuestro verdadero idioma, el más audible.

Un adagio también puede ser más que una foto paisajística: un fotograma de ciudad, al amanecer, de calles amplias y estrechas, de pasillos vacíos en las casas, de pálpitos y breves palabras; puede ser una espera en un olvidado sillón mientras leemos algún poema, un silencio cabizbajo o mirando al cielo, el aire de un jardín o de un invernadero, una pausa para escuchar, una sonrisa espontánea… un adagio puede ser un cuadro, ese cuadro que apenas miramos hasta que le descubrimos alguna originalidad, o alguna belleza desapercibida.



De entre los Adagios musicales que más me han emocionado, he recordado estos:
  • Adagio en sol menor de Albinoni.
  • Concierto para piano nº 5 en Mi bemol mayor, op. 73. (II. Adagio un poco moto). L. V. Beethoven.
  • Concierto para piano nº 23 en La mayor. K. 488 (II Adagio). W. A. Mozart.
  • Concierto para Clarinete en La mayor. K. 622 (II Adagio). W. A. Mozart.
  • Concierto para piano nº 2 en Do menor. Op. 18 (Adagio Sostenuto). Sergei Rachmaninov.
  • Momento Musical para piano, op. 16, no. 5 (Adagio Sostenuto). Sergei Rachmaninov.
  • Adagio del Concierto de Aranjuez. Joaquín Rodrigo.

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(*) Muy interesante la definición de "Adagio –Lingüística-" que se explica en Wikipedia, en la que se incluyen diferentes tipos de adagio; así como muy completa e ilustrativa es la definición que nos ofrece del Adagio musical, “Una de las expresiones para indicar movimiento o tempo”.

jueves 19 de marzo de 2009

"Cuscús" ("La graine et le mulet").

Este título gastronómico, “Cuscús” (el título original es: “La graine et le mulet”), nos presenta un verdadero drama social y costumbrista, dirigido por Abdellatif Kechiche, que trata sobre la vida de una familia procedente del Norte de África, establecida en el sur de Francia; y sobre todo nos cuenta la crisis vivida por Slimane, padre de familia, ya en edad de prejubilación, que sufre la pérdida de su empleo en un momento delicado, por el distanciamiento de su familia tras divorciarse…,pero ante una situación tan penosa reacciona con la iniciativa de crear un restaurante familiar en un viejo barco del puerto.

Con el ánimo de conocer el efecto de estas técnicas de rodaje en las que la cámara en movimiento, los planos y una interpretación muy natural y espontánea protagonizada por actores no profesionales, convergen para mostrar escenas que superan incluso el realismo de un documental, acudí a ver esta película, producción francesa, con título gastronómico y sugerente argumento social (de un estilo próximo al realismo social, que tanto se ha comentado, pero con algunas singularidades más intimistas); y me sorprendió por sus diálogos y secuencias, por su emotividad a raudales, por la expresión tan sólida de una crítica social junto a reflexiones existencialistas, mostrándonos escenas familiares y de costumbres filmadas en gran parte con la técnica conocida como “Cámara en mano” o “Cámara al hombro”, planos subjetivos y primeros planos tan observadores que tampoco eran ajenos a las vivencias y aflicciones personales, la cámara era testigo del sentimiento familiar, de la amistad, pero también de las reflexiones y vicisitudes vividas por cada personaje; y aunque conocía que “Cuscús” recibió el Gran Premio del Jurado en el Festival de Venecia, y 4 Premios César (entre ellos el de mejor director, y mejor actriz revelación para Hafsia Herzi), evité leer previas críticas y al salir comprobé que duraba unos 150 minutos, pero no se me planteó tan larga como he leído en comentarios posteriormente, salvo en alguna escena familiar, y quizás también en la secuencia del final, que quizá se prolongó demasiado.

La calidad y la originalidad en “La graine et le mulet” no se revela tanto en las técnicas de cámara y abundantes primeros planos, sino más bien en el guión, en los diálogos más emotivos y creíbles, porque esta crítica social no se conforma con la evidencia de las dificultades económicas, sino que trasciende y trasluce la complejidad de los problemas y situaciones personales y familiares que puede padecer una persona, adicionales a sus perspectivas de futuro económico y social. En “Cuscús” se exaltan valores como la iniciativa personal para superar las adversidades, así como la cooperación, la verdadera amistad y el necesario vínculo de unión familiar, que se conoce de verdad en los infortunios y en esas circunstancias más adversas, el verdadero sentimiento, frente a los desaires, las ingratitudes y los momentos de soledad.

La interpretación es sencillamente genial, las referencias culturales y costumbristas son muy naturales, la crítica se expresa mediante un realismo elocuente, pero también mediante ironías, contrastes e imágenes metafóricas alusivas al inexorable paso del tiempo, la ilusión, el sentimiento familiar, y la iniciativa inherente a la vitalidad que permanece en cada persona, ajena a la impresión de las cifras, del impacto o el peso de los números de la edad.

Además de las escenas familiares, imágenes como las del acondicionamiento y decoración del viejo barco, y la interpretación; de “Cuscús” destacaría las primeras escenas desde las que parte la película, y las escenas de continuas reprimendas que sufre este padre de familia (bien interpretado por Habib Boufares), luchador, y verdadero protagonista silencioso de este drama; la angustia y aparente apatía del personaje, que lucha por proseguir, no es más que la viva expresión de su sentimiento más íntimo, más taciturno mientras vive este drama, y una de las imágenes más críticas de la película.

Calificación: 7, 6.

lunes 2 de febrero de 2009

"Una familia con clase"

Sin recurrir a profundos análisis, desde los primeros minutos de esta película, dirigida por Stephan Elliot, deducimos que estamos ante una adaptación de una obra de teatro (basada en la obra escrita por Noël Coward: “Easy Virtue”, estrenada en 1925); sobre todo porque su inicio es una lectura continua de conversaciones, de estudiados diálogos en una cuidada ambientación para describir en clave irónica y de humor muy crítico, esta curiosa historia: Un joven inglés regresa a su casa, a la lujosa mansión familiar situada en el campo, anticipando la inesperada noticia de su súbita boda con una elegante y atractiva estadounidense que conoció en Montecarlo, y el impacto causado en su familia, sobre todo en su madre, cuando conoce su imprevisto matrimonio.

Y diría que la primera parte, sin contar determinados planos y secuencias de una estructura en la que se advierte una segunda y tercera parte, es la mejor de la película, desde los primeros encuadres, y el singular plano aéreo del ansiado arribo de la pareja en su ostentoso y deportivo coche, porque el resto, creo que no sólo revela un cambio de ritmo y tempo, sino casi de estilo narrativo, como si de repente las dificultades de adaptación de la nueva habitante de la casa (la bella Larita, que procede del otro lado del Atlántico, interpretada por Jessica Biel), -en un lugar extraño, de diferentes costumbres y aficiones-, exteriorizaran una especie de controversia psicológica y de conflicto de formas de vida, y se intentaran reflejar en un guión que pretende agradar y a la vez sorprender, ofreciéndonos la trama de una comedia dramática clásica de teatro en una película de humor más atrevido y moderno, como nos lo ratificaría la banda sonora elegida para la película, representando alegres escenas de música y baile que moderan los instantes más conflictivos o tediosos, brindándonos algunos planos creativos y complejos, pero cuyo ritmo y originalidad no logran culminar todas las expectativas creadas en un principio.

Aun consciente de la ardua tarea que supone adaptar una obra literaria al cine, y más arriesgada si ya cuenta con otra versión anterior de Alfred Hitchcock, una de sus primeras películas (“Easy Virtue”, estrenada en 1928, película del cine mudo, cuando ya finalizaba esta era y comenzaban a escucharse las primeras películas del cine sonoro), que no es necesario haber visto para aventurarse a resaltar notorias diferencias; “Una familia con clase” es una película entretenida, con muchos planos y encuadres visualmente logrados (exteriores e interiores: la fotografía de la mansión con sus curiosos objetos y detalles, la torre medieval, así como las imágenes del invernadero…), y una adecuada interpretación (de Jessica Biel, y sobre todo de Kristin Scott Thomas, en el papel de la madre de John Whittaker); pero que al final tampoco resalta especialmente, quizá porque casi toda la fuerza emotiva de esta historia se sostiene y persiste en esa continua discordia entre los dos personajes principales: La “Sra. Whittaker” y su nuera “Larita”, por algunos altibajos de ritmo, o porque el humor tan crítico que se percibe parece no armonizar con los colores del paisaje, de las flores y de la jovial música que se escucha (la versión de la canción “Mad about the boy” –interpretada por Jessica Biel; una singular versión de la canción “Sex bomb”; y también música con sonido de la época. El Foxtrot es un baile oriundo de Estados Unidos, muy difundido en los Años Veinte-, música de ritmos y arreglos jazzísticos…; y El Tango también entusiasmaba mucho en Europa por aquellos años) creando una atmósfera extraña de alegría en medio de la confusión, de personajes complejos y contradictorios en un ambiente incómodo, algo más lento en la segunda parte, y no tan hilarante como podría pensar quien lee en la sinopsis que se trata de una comedia, aunque cuente con escenas joviales y musicales, podríamos afirmar que es una comedia divertida con algunos altibajos, y bastante critica. Y en mi opinión, lo mejor de la película, además de algunas escenas, es la fotografía (dirigida por Martin Kenzie), la interpretación de actores principales y secundarios y la banda sonora, tanto las versiones de otras conocidas canciones, como la música compuesta por Marius De Vries.

Calificación: 6.7.